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Hoy es 4 de abril de 2018, faltan 3 meses para San Fermín, 4 meses para mi cumpleaños,5 meses para celebrar mi aniversario de llegada a ésta bonita ciudad y 8 meses para que termine el año.

Aterricé un 31 de agosto de 2017, sin saber muy bien qué es lo que me depararía el tiempo que estaría aquí. Vine sin ninguna expectativa,sin planes de futuro, sin agobios, sin pensar.
Decidí poner punto y final a una etapa de mi vida y comenzar otra, y hasta ahora no me ha ido mal.

Muchos de nosotros vivimos la vida sin apreciarla, sin valorarla. No somos conscientes realmente del paso del tiempo, el tiempo que perdemos no vuelve, las oportunidades que se nos presentan, al día siguiente ya no están. Tenemos que aprovechar cada instante.
Desde que vine aquí, aprovecho hasta el último segundo del día. Disfruto de las horas de sol, del café por las mañanas, los paseos por la playa con Sua, las comidas familiares, las carcajadas interminables con amigos, disfruto hasta el sonido de los carruajes de caballos que pasan por delante de mi casa cada mañana. Hay pequeñas cosas que me hacen sentir que estoy en Cádiz, como ver los botijos colgados por las paredes de las casas, los desayunos tardíos, la tranquilidad que se respira, el olor característico de los árboles que me transportan a otra dimensión, el olor de la manzanilla y el sabor del “potaje de garbanzos” o “berza”, que está para chuparse los dedos.
Esas pequeñas cosas, que para algunos serán “tonterías”, a mí me hacen feliz.
Hace un año, en otra ciudad, con otra gente y trabajando, no supe apreciar mi tiempo allá,no lo valoré,no lo saboreé, es como si nunca hubiese estado,porque nunca lo llegué a disfrutar.

Por eso pienso que es muy importante saber disfrutar de las cosas que nos da la vida, disfrutar del presente, del hoy,no pensar en el pasado, no pensar en el futuro, porque puede que mañana no estemos aquí.

                     “Como se suele decir: ¡Hacía atrás, ni para coger impulso!”

Está bien tener unas expectativas en la vida, unos objetivos,luchar por alcanzarlos, pero hay veces que el camino es muy duro y se necesita hacer un punto y aparte para cogerlo con más fuerza.
Ese punto y aparte puede ser momentáneo, como sentarnos en la arena a divisar el mar y escuchar el rompido de las olas o subirnos a la cima de una montaña y sentir el viento en la cara. Esos pequeños momentos ayudan a aclarar nuestras ideas,a despejarnos,reorganizarnos y seguir el día con fuerza.
Otros, en cambio, deciden tomarse un punto y aparte temporal,sin saber cuando volver a su vida real,hay quienes se van de la ciudad por un tiempo, quienes no vuelven nunca más, quienes dejan su trabajo y se van a la aventura o quienes dejan su trabajo y encuentran otro que les satisface mucho más.
Aquellos que lo dejan todo y no vuelven, no están locos, no desvarían,simplemente han decidido cerrar una etapa de su vida y comenzar otra, se han dado cuenta que no quieren seguir viviendo esa vida que tanto les apretaba el pecho cada mañana al despertar y han decidido volar, fluir, como la vida fluye.

 

Naroa Martínez Oscoz.

 

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