Un año y medio ha pasado desde aquel 6 de julio de 2016 en que una chica joven de 18 años sufrió una violación múltiple.  

A partir del instante en que la joven comenzó a ser consciente de lo ocurrido, se inició una busqueda para encontrar a los responsables de aquella barbarie, que no eran ni más ni menos que cinco chavales jóvenes, dos de ellos guardia civil y militar de la UME (Unidad Militar de Emergencias). El juez al que se le adjudicó el caso, no dudo ni un segundo en meterles a prisión una vez visto los videos que ellos mismos habían grabado mientras se divertían.  

No encuentro explicación para semejante suceso. Mi mente no es capaz de encontrar una explicación razonable que justifique esto. Nunca sabremos qué paso exactamente, con pelos y señales, porque gracias a dios o a quien sea no estábamos ahí ni eramos la víctima elegida por ellos. No me puedo poner en la piel de la víctima, ni quiero, porque el simple echo de pensarlo, una rabia incontenida entra por mis venas que me saca de quicio literalmente, mi mente no razona y mi cuerpo actúa. Sólo de pensarlo. No quiero imaginar a ella, ni quiero saberlo, aunque no hacen falta palabras para saber lo que pasa por su mente o su cuerpo. 

No creo que ella, en ese instante en que se presentó en la Comisaría de Polícia de Pamplona, fuese capaz de pensar en todo lo que ocurriría meses más tarde.  

No sólo ha tenido que soportar las vejaciones,humillaciones y violaciones por parte de aquellos monstruos, sino también las opiniones sin escrúpulos de toda la ciudadanía española,abogados,jueces, los periódicos,los programas de televisión… Seguramente esté agradecida por todo el apoyo recibido, pero sé que preferiría no tener que estar agradecida. También tiene que soportar todas aquellas opiniones sobre su “dudoso” testimonio, en el que parece que no son suficientes vídeos,conversaciones telefónicas y pruebas médicas para confirmar su pesadilla. 

Me parece desmesurado dónde ha llegado todo esto, cómo la gente opina sin tapujos,sin respeto, diciendo lo que les da la gana, no lo digo por decir, lo digo porque yo misma lo he escuchado, en bares,supermercados,en la televisión…  
Podemos calificar este echo como algo terrorífico,desagrable,una pesadilla,desmesurado, inolvidable, pero no tenemos que ser partícipes de ello fomentando aún más y recordando cada día lo ocurrido hace un año y medio. Porque ella lleva sin ver las noticias, sin leer un periódico y sin poder hacer una vida normal, desde entonces. Por mucho que un detective la vea pasear con sus amigas, la vea de vacaciones, vea como asiste a las clases, un detective no puede ver cómo está en su casa, cómo se siente cuando se encuentra sola,por las noches, si tiene pesadillas o no, si ha tenido relaciones sexuales con otro hombre después de aquello,si tiene algún trauma… Nada de lo ocurrido después de aquella noche puede ser juzgado para afirmar o desmentir lo ocurrido. 

No pienso en los acusados, no siento pena, ellos mismos sabían lo que hacían, eran conscientes de ello, alardeaban de ello y de muchos otros sucesos. Lo peor de todo, que hay muchos más tipos como estos que no han salido a la luz, hay cientos de ellos deambulando por las calles de Pamplona, del 5 al 14 de julio, que posiblemente no lleguen nunca ha hacer lo que hicieron ellos, pero que sí tienen las mismas intenciones, que sí se sobrepasan, te agarran, te tocan el culo, te gritan groserías, como si fueses un objeto sexual que pasa por su lado y se ven con el derecho de hacer contigo lo que quieras. No meto a todos los hombres en el mismo saco, pero si meto a cientos de ellos, que vemos cada año por las calles de lo viejo de Pamplona,bebiéndose hasta el agua de los floreros, metiéndose hasta el jabón de manos, solo con tal de vivir una experiencia que ni recuerdan, una experiencia sin límites,en una ciudad que creen sin ley, porque lamentablemente, sólo nos enteramos de una tercera parte de lo ocurrido cada día de San Fermín, porque preferimos seguir nuestra fiesta y olvidar esos sucesos y echos que como no han llegado a más, les quitamos importancia.  

No pienso en los acusados, pero si pienso en sus profesiones, sobre todo dos de ellos. Uno, miembro de la Guardia Civil, el otro, miembro, nada más y nada menos que de la UME, Unidad Militar de Emergencias. 

¿No se supone que son ellos quienes nos tienen que salvar de estos sucesos?

 ¿A los que debemos acudir cuando creamos que estamos en peligro?

 ¿Quienes representan a las fuerzas de seguridad y de policía española? 

¿Donde estában ellos aquella noche si llega a suceder un atentado, una explosión, un tiroteo? 
¿Estos dos tipos son los que me van a proteger y asegurar que no me va a pasar nada?, ¿los mismos de los que varias mujeres han intentado escapar,no han podido y han sufrido sus consecuencias? 
Sólo espero que se haga justicia, que ellos dos no puedan volver a trabajar en su profesión ni en cualquier otro cuerpo de seguridad del estado, y que al igual que sus amigos, todos vean pasar su vida en la cárcel.  

Me gustaría saber cómo explicarán a sus futuros hijos lo que hicieron… 

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