Todos los días antes de entrar por las puerta del bar miro de reojo la cantidad de mesas que hay ocupadas. Si veo que el bar está lleno acelero el paso para incorporarme lo más rápido posible a mi puesto, camarera de sala. Podría no hacerlo, podría no entrar hasta que lleguen la 13:59, pero depende de mí que los clientes que están esperando a mi compañero, que no da a basto, se queden o decidan marcharse porque no hay nadie que les atienda.

Entran dos señoras con cuatro niños de no más de 7 años. No hace falta saber como va a ser la siguiente hora y media de trabajo. Piden un plato grande de spaguettis para compartir dos niñas de unos 6 años, con tomate frito separado en un bol y un huevo duro entero sin cortar.

Me atrevería a decir que esa madre no ha trabajado nunca de camarera ni ha tenido el mínimo interés e inquietud en pararse por un momento a valorar el trabajo de los camareros y cocineros.pipi

Podrán decir, es sólo un bol de tomate frito y un huevo duro, sí, es cierto, pero es que la cosa no termina ahí. El niño quiere una pizza de jamón y queso pero sin tomate, el otro, un bol grande de macarrones con tomate y salchichas. Turno de las madres, que no podían ser menos, indecisas y sin entender la carta se lanzan a pedir con la lentitud de un caracol.

El tiempo extra invertido en mi trabajo no fue agradecido en ningún momento por aquellas dos mujeres, que inmersas en criticar a sus maridos tuve que encargarme de sus hijos. Mientras ellas se tomaban sus vinitos, sus hijas se encontraban encerradas en el baño. Menos mal que yo andaba al tanto y sabía que estaban ahí, sino con el barullo de la gente esas niñas ya podían haber llorado todo lo que quisiesen que no las hubiésemos oído. Tras dos horas de servicio se levantaron, pagaron y se fueron sin dejar a penas diez céntimos de propina, dejando las sillas de pegotes de tomate y el suelo como si hubiesen llovido spaguettis.

 

 

 

Naroa Martínez

Viernes, 14 de julio de 2017

 

2 comentarios sobre “Dos madres y sus hijos

  1. Querida Naroa: da lo mismo la profesión que desempeñes: siempre te encontrarás con personas de ese tipo, incapaces de ponerse en la piel de otro. ¡Por suerte, también tenemos a aquellas otras que te sacan una sonrisa, aunque lleves un montón de horas de pie y estés harta de aguantar al mundo!

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    1. Y es gracias a aquellas otras por las que seguimos amando nuestro trabajo,sonriendo a cada nuevo cliente que entra por la puerta y valorando la paciencia y educación de estas. Muchas gracias por tu comentario Carmen Fernández.

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